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| En
un convento vivía
una monja, que pasaba por santa y que se llamaba la Hermana Melancolía, fruto de savia tardía que olvidó la primavera Su nombre de lirio era y sus pupilas umbrosas dos nocturnas mariposas en ese lirio de cera. Nadie la vio sonreír porque quiso en su entereza ennoblecer de tristeza la alegría de vivir. |
Tan
solo cuando al morir
miró la faz Del Señor Aquella monja sombría que nunca se sonrió cuando en su cripta durmió Sonreía, sonreía. Hermana Melancolía, dame que siga tu huella dame la gloria de aquellas estrellas !oh taciturnas! yo soy un alma nocturna que quiere tener estrellas.
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