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En un convento vivía 

una monja, que pasaba

por santa y que se llamaba 

la Hermana Melancolía,

fruto de savia tardía

que olvidó la primavera

Su nombre de lirio era 

y sus pupilas umbrosas

dos nocturnas mariposas

en ese lirio de cera.

Nadie la vio sonreír

porque quiso en su entereza

ennoblecer de tristeza

la alegría de vivir.

Tan solo cuando al morir

miró la faz Del Señor

Aquella monja sombría

que nunca se sonrió

cuando en su cripta durmió

Sonreía, sonreía.

Hermana Melancolía, 

dame que siga tu huella

dame la gloria de aquellas

estrellas !oh taciturnas!

yo soy un alma nocturna

que quiere tener estrellas.

 

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